Es una mujer.
Es una deportista.
Y es mamá.
Mary es bella (me imagino que de muchas otras formas
desconocidas para mi, y que me encantaría conocer), en el más amplio sentido
del término en todas sus facetas.
No la conozco tan bien como quisiera, pero el brillo de
su mirada y la luminosidad de su sonrisa, me dicen que da lo mejor de ella a
las personas que la rodean. Es difícil imaginar que no reciba lo mismo.
Su gesto cálido y dulce, me dice que es una mujer satisfecha
consigo misma.
Su hermosa y sensual figura me dice que cultiva su cuerpo
con ejercicio y buena alimentación. Y claro, con esa dosis de vanidad que hace
que las mujeres bellas lo sean aún más.
Sin embargo, nada en Mary me dice algo de su ella como madre.
Y nada supe hasta que me compartió una foto de ella con
su hijo.
Dicen que si quieres saber si alguien es feliz debes
mirar sus ojos, y hay que ver los ojos de su hijo. ¡Irradian felicidad¡ ¡Caray,
si verla a ella me pone contento, verla al lado de su hijo me produce una
alegría infinita¡
Así que ver la cara de felicidad de su hijo, me dijo todo
de ella como mamá. Entrega, sacrificio y amor totales.
Quien la quiera de verdad debe reconocer y valorar en
ella a una verdadera mujer. Fuerte, femenina, auténtica, completa.
Mary es muchas mujeres en una. Y yo adoro a cada una de
ellas…



