Es bella, y más que bella,
sorprendente. En ella el negro ahonda, y todo lo que inspira es profundo y
nocturno. Sus ojos son dos astros donde cintila vagamente el misterio, y su
mirada alumbra como el relámpago: es una explosión en la tiniebla!La equipararía a un sol negro, si pudiera concebirse a un astro negro vertiendo luz y dicha. ¡Pero ella hace pensar con mejor voluntad en la luna, que sin duda la marcó con su terrible influjo; no la luna blanca de los idilios, que parece una esposa frígida, sino la luna embriagadora y siniestra, suspendida en el fondo de una noche tormentosa, arrastrada por las nubes que se van; no a la luna apacible y discreta visitando el sueño de los hombres puros, sino la luna arrancada del cielo, vencida y rebelde, que las hechiceras de Tesalia obligan con dureza a danzar sobre la hierba aterrorizada!
En su pequeña frente habitan la voluntad porfiada y el amor a la presa. Sin embargo, en lo bajo de ese rostro inquietante, donde las narinas móviles aspiran lo desconocido y lo imposible, estalla, con gracia inexpresable, la risa de una ancha boca grande, roja y blanca, deliciosa, que hace pensar en el milagro de una soberbia flor florecida en un terreno volcánico.
