Algunas son guapas.
Muy guapas.
Pero de vez en cuando,
la naturaleza produce una mujer especial.
Sublime y salvaje a la vez.
Una mujer increíble.
Quiero decir que la miras,
y no puedes creértelo.
Es como si tuvieras el mundo enfrente tuyo.
Todo en ella es un movimiento ondulante perfecto.
Es como las olas. Como un arcoíris.
Le miras un tobillo, le miras un codo.
Le miras el pecho o la rodilla,
y todo se funde en un ser impresionante.
De ensueño.
Con unos ojos bellisimos. Que sonríen.
La boca un poco hacia abajo.
Los labios como si estuvieran
a punto de de soltar una carcajada ante tu indefensión.
Y saben cómo vestirse.
Y su pelo largo incendia el aire.
Y en su presencia te sientes vulnerable.
Y fuerte…
